Alberto valderama

Mi nombre es Alberto Valderrama. Nací y crecí en Caracas, Venezuela. Soy el segundo de 4 hermanos. Éramos una familia feliz hasta que un día mi papá regresó del trabajo diciendo que lo habían despedido por reducción de personal en la compañía. Desde ese día comenzó a tomar licor hasta convertirse en alcohólico. Vivimos tiempos difíciles porque todo el dinero que ganaba lo gastaba en alcohol y no teníamos para comer. Mi mama sufría todas estas cosas en silencio.

 

Yo no era feliz. Sentía un vacío en mi vida. Traté de llenarlo pasando más tiempo con mis amigos, practicando deportes o simplemente hablando con ellos. A pesar de no ser una “mala” persona, ese vacío continuaba en mi vida. Nada podía darme la paz que necesitaba.

 

Un día una de mis tías vino a visitarnos y me preguntó si podía hablar conmigo un momento. Yo no pasaba mucho tiempo en casa. Solo iba a comer y a dormir, pero ese día, por alguna razón, estaba allí. Ella comenzó a decirme lo mucho que Dios me amaba y que El envió a Su Único Hijo a morir en la cruz por mi y que resucitó al tercer día para perdonar mis pecados y cambiar mi vida. No recuerdo haber escuchado eso en la iglesia a la que acostumbrábamos a ir. Solo sabía que Dios nos enviaría al infierno si no confesábamos nuestros pecados al sacerdote y, en vez del infierno, ir al purgatorio y que debía comulgar los domingos y obedecer los mandamientos. Así que ese día le di mi vida a Jesucristo y lo acepté como mi Señor y Salvador. Tenía 14 años.

 

Después de entregar mi vida al Señor Jesús, Salí a mirar hacia la calle y podía ver los colores mucho más brillantes que antes. El cielo era más azul. Los árboles más verdes. Todos los colores tenían un brillo espectacular. Pero lo mas importante fue que ese vacío que había en mi vida se fue por completo. Ya no lo sentía.

 

Mis padres, con el tiempo, también dieron sus vidas al Señor y pude notar un gran cambio en sus vidas. Mi papá, de una manera milagrosa, dejó de beber alcohol y se recobró de su adicción.

 

Después de haber dado nuestras vidas a Cristo hemos enfrentado diversos problemas, pero Dios siempre ha estado a nuestro lado y nos ha dado las fuerzas para superarlos.